INTRODUCCIÓN
 
 
  El Viernes 13 de Octubre de 1972, un avión Fairchild 227 con 45 personas a bordo, se estrella en los Andes. Así comienza una de las historias más increíbles de supervivencia de la humanidad.

El grupo compuesto por jóvenes jugadores de Rugby, sus amigos y parientes, se vio obligado a emprender una batalla titánica contra la adversidad.

A casi 4.000 m de altura, rodeados y atrapados por la nevada cadena de los Andes, sin comida, sin agua, sin vestimenta adecuada y soportando temperaturas menores a -30ºC, lograron subsistir dentro de la parte delantera del fuselaje.

Al décimo día se enteran a través de un pequeño receptor de radio (que encontraron entre el equipaje desperdigado alrededor del fuselaje), que la búsqueda del avión había sido suspendida, dándoselos por muertos.

Desde el primer momento, muchas cosas tuvieron que ser “re-inventadas”: aprender a producir agua a esa bajísima temperatura o emplear las fundas de los asientos como precario e insuficiente abrigo, etc. También el tema de la falta de alimento los obliga a una difícil decisión, que a su regreso generara una fuerte controversia. Como única posibilidad de volver a ver a sus seres queridos, deciden alimentarse con los cuerpos de los fallecidos.

A 16 días día del accidente, un alud los sepultó a todos. Otras ocho personas fallecieron por asfixia. Sabiéndose abandonados, se dan cuenta que salir de ese lugar con vida está exclusivamente en sus propias manos. Se organizan como grupo y realizan varias expediciones. Finalmente dos de ellos logran cruzar a pie, con enorme sacrificio y en condiciones inhumanas la cadena montañosa de los Andes.

Tras 10 días y noches prácticamente sin alimento, ni refugio, ni indumentaria adecuada, dan con el arriero Sergio Catalán. Éste cabalga 8 horas hasta el puesto de carabineros más próximo, para dar aviso. Gracias a la actitud y actuar de éste, concluyen así 72 días de hambre, dolor, sufrimiento, desesperación … y esperanza por un mañana.